jueves, 7 de mayo de 2015

Literatura ancashina

PRECURSORES DE LA LITERATURA FANTÁSTICA EN ANCASH

Por: Rodolfo Sánchez Coello.
1. NARRATIVA FANTÁSTICA, UNA METÁFORA DE LA VIDA:

Lo  fantástico es la duda experimentada por un ser que sólo conoce las leyes
 naturales, frente a un acontecimiento aparentemente sobrenatural.
Tzvetan Todorov.

Siguiendo la idea de Vicente Huidobro, el poeta es una especie de minúsculo dios; y en esta perspectiva, el escritor asiduo a lo fantástico, toma elementos del mundo en aras de edificar una representación, para lograr un efecto de realidad que cause la participación del lector, que ha de creer en la “verdad” del mensaje como copia de lo real por medio de la escritura[1]. En caso del escritor de literatura fantástica, añade quiebres dentro de la representación, utilizando escenarios extraordinarios o inexplicables, pero que dentro del ámbito narrado resultan naturales y comprensibles. En este tipo de literatura no se aprecia cuestiones asombrosas en sí mismas, sino hechos que partiendo de la realidad ingresan a lo fantástico, con el único fin de simbolizar tabúes, sueños o vacíos de las personas, aspectos vedados por la sociedad o incluso, preocupaciones y angustias del escritor. Así entendido, lo fantástico es una metaforización de lo posible.     
Es por ello que la literatura fantástica difiere de la literatura maravillosa, en  tanto que la primera concentra su acción sobre hechos fácticos en un mundo creíble, que mediante la creación de una atmósfera truculenta, inserta la intromisión de algún elemento inexplicable, ilógico, que enriquece el mundo literario, básicamente cotidiano, volviéndolo extraño; mientras que en la literatura maravillosa toda acción se desarrolla en ambientes sobrenaturales o exóticos de principio a fin, poblado de seres mágicos y surreales, casi siempre de estilo infantil y soñador, en un ambiente poético y maravilloso; enmarcado en lo que  Rafael LLopis  denomina tradición de raíz blanca[2]; en contraposición a la tradición de raíz negra, de tendencia macabra y a veces oscurantista.       
La literatura fantástica en el flujo de su  propia elaboración propone un desequilibrio entre lo real y lo irreal, siempre, como expectoración literaria del escritor para reflejar de manera consciente o inconsciente, sus ideales, temores, vacíos o constructos del mundo.  

2. ASPECTOS SOBRE LA LITERATURA FANTÁSTICA EN ANCASH:

Aparte de servir como medio de expresión interior a través de alegorías, como es natural en los relatos de corte fantástico, los escritores de Ancash adscritos a este tipo de narrativa postulan un escapismo de la tradición literaria andina para centrarse en lo onírico como hilo conductor.
Bioy Casares afirma que los relatos fantásticos presentan leyes, incluso a veces, leyes especiales para cada cuento[3], de lo que se colige una ley que representa una característica común de nuestros literatos autóctonos: la instrumentalización de la trama como alternativa literaria frente a las limitaciones de un escenario con personajes e ideas típicamente andinos – casi hegemónica en escritores de la sierra de Ancash – ya sea desde una visión  moderna o tradicionalista,  para la expresión de sentimientos con rasgos occidentalizados o simplemente, más contextualizados a la medida del espíritu personal.
Ciertamente, los relatos fantásticos no han tenido una amplia cantera, sin embargo, si bien son textos aislados, pertenecen al universo de la literatura ancashina, y desde su eclosión lograron definir un camino para el florecimiento de una narrativa de calidad innovadora, con visos a promover en las nuevas generaciones la amplia gama  de posibilidades que ofrece el arte de la escritura.     


3. PRECURSORES DEL CUENTO FANTÁSTICO EN ANCASH:

Evidencias de literatura fantástica en el Perú pueden rastrearse desde los orígenes de la civilización incaica, que surcan desde las leyendas orales quechuas, algunos relatos coloniales, hasta la consolidación literaria del género en épocas más cercanas. Estuardo Núñez señala que “el cuento es una nueva expresión de narrativa que sólo aparece en el Perú, con caracteres vigorosos, a partir de fines del siglo XIX, ya que con anterioridad a esa época sólo se perfiló el auge de la llamada tradición, especie de cuento histórico y evocativo creada por Ricardo Palma[4]. En consecuencia, en el Perú el cuento fantástico de tendencia tenebrosa ha tenido una eclosión iniciadora muy significativa durante el Modernismo, siendo influencias importantes la narrativa de Clemente Palma, Ventura García Calderón – y cabría mencionar a Octavio Araya y Abdón Pajuelo, como iniciadores del cuento modernista en Ancash.  El Modernismo acogió de manera muy favorable los mundos fantásticos y de índole exótica, con un estilo que llevó al éxtasis y la belleza a muchos artistas[5]; y Ancash fue partícipe de este desarrollo histórico literario, puesto que la aparición de relatos inscritos en lo fantástico en Ancash se dio entre 1885 y 1925, etapa coincidente con un periodo de constante interacción y estrechamiento de lazos entre escritores ancashinos con personalidades de la intelectualidad de la capital, que posteriormente han alcanzado el nivel de clásicos de las letras peruanas; los cuales en su momento abrieron el escenario para el reconocimiento de los aportes y la valoración del talento de estos escritores regionales.   
En esta etapa literaria, cabe citar a dos escritores quienes desde nuestras letras abrieron la ruta precursora de la narrativa fantástica.

3.1. JOSE RUIZ HUIDOBRO:


ACTIVIDAD LITERARIA DE RUIZ HUIDOBRO
Nació en Vicos, provincia de Carhuaz el 25 de mayo de 1885, y murió en Lima el 8 de junio de 1945. Desarrolló una intensa actividad periodística como redactor de la revista “La Neblina” (1904), así como en el diario “El Departamento” en calidad de director (1916 a 1026) y fundó el diario “La República” (1927). Luego fue un asiduo colaborador de revistas y diarios de Lima.
Su pasión por la narrativa lo llevó a abordar las más diversas vertientes, desde el cuento con el libro “Aquel panfletario” (1926), hasta la novela, entre las que se puede citar “Historia de un dolor” (1917) y “Derrota” (inédita).

Aparte de su labor como periodista, narrador y poeta, se dedicó a la ardua tarea del  autodidacta.

A)     LA INCERTIDUMBRE DE LA MUERTE:

Tras la publicación del formidable poemario “Las sendas inholladas”, en la Imprenta Gutemberg de Huaraz (1917)[6], se consolidó como escritor con su obra narrativa[7]. Entre su profusa temática Ruiz Huidobro contribuye al acervo del cuento fantástico en Ancash, con el relato “Memorias de un sepulturero”, que forma parte del cuentario “Aquel Panfletario”, publicado en 1926 con opinión liminar de Francisco García Calderón y prólogo de Luis Varela.
En este relato, Néstor Gonzáles, antiguo sepulturero del cementerio de Belén, deja por escrito en sus memorias las vivencias y avatares de los cadáveres, que impulsados por un hálito inyectado por la quietud de la noche, reviven sus aventuras probablemente inacabadas en vida, con cuerpos agostados y corrompidos, pero con impetuoso ardor.
Primera edición en rústica de 
“Aquel panfletario”, 1926
El día 6 de marzo (el cuento se presenta como un diario) relata de forma directa el inicio de tan macabras escenas, tomando como marco, la arquetípica asociación de lo sobrenatural con la luna. “La luna por entre gruesos nubarrones, apenas alumbra… Mis muertos se pasean. Desde acá los veo. Poco a poco van saliendo de sus nichos y comienzan a estirar los brazos y las piernas para desentumecerse. Pobrecitos. Tienen que permanecer tendidos de espaldas dieciocho horas, para poder distraerse unas cuatro o cinco horas”[8].  
En el fragmento se aprecia el nexo de intimidad que el personaje ha establecido con los muertos, evidenciado en el trato de pertenencia con aquellos cuerpos inertes, sin vida, patéticos, dignos de compasión; sin que tal estado descalifique el amor por ellos. De este relato  se determinan algunas ideas referidas al ámbito desconocido de la muerte, que se intenta describir como la continuación de la vida, tal cual es la existencia en este mundo. Es consecuente por ello que el autor utilice el recurso del diario episódico para presentar hechos increíbles, técnica que logra presentar los hechos de la manera más familiar posible, puesto que no sólo son contados, sino que fueron vividos.
El relato aparte de graficar unas memorias, aclara la intención de reflejar la vida en la muerte, es un paso a tientas sobre lo desconocido en un intento de  comprenderlo, aunque sea desde la imaginación, porque la perplejidad del hombre ante la muerte, sólo es factible de disiparse elaborando imágenes de lo ininteligible.   

3.2. LADISLAO FELIPE MEZA LANDAVERI:


LA OBRA DE LADISLAO MEZA
Ladislao Meza (Huaraz 1892 – 1925)  Entre sus novelas más importantes tenemos: “Las increíbles aventuras de un intruso en el país de las brujas limeñas” (publicado en la Revista Mundial en 1922) y “María Soledad” (1924). En su obra teatral resalta: “La ciudad misteriosa” (1915), “El  demonio llega” y “El tablado de los miserables” (ambas de 1916), que fueron puestas en escena con resonante éxito. En cuentística escribió: “Secretos de una cabellera rubia”, “Los héroes” e “Interesantes declaraciones del Emperador de la Tinieblas, Iblis, el terrorífico”, un relato prototípico de Meza que combina magistralmente lo fantástico con el apasionado amor por el saber.             

De gran cultura literaria y peculiar imaginación, es la obra de Ladislao Meza. Amigo de José Carlos Mariátegui por su filiación indigenista y del periodista César Falcón Gárfias, supo distribuir sus ideas entre el teatro realista y la narrativa social y fantástica. Según Justo Fernández Cuenca, Luis Alberto Sánchez dijo de Ladislao Meza que era un hombre de sólida cultura que escribía de todo y con especial destreza.[9]

A)     LUCIFER NO ESTÁ ALLÁ, SINO ADENTRO:

Mariátegui y Meza.
Lima, 1924
El cuento titulado “Interesantes declaraciones del Emperador de la Tinieblas, Iblis, el terrorífico” aborda de manera palmaria el tema de lo fantástico, desde la idea de la invocación demoniaca, pero con caracteres propios del autor, en una nueva aproximación a este tópico literario. Una primera impresión, ya desde el título, alude al exotismo propio del modernismo, puesto que Iblis es el nombre de un ser maligno, originario de la tradición islámica.
En el relato se establece un diálogo entre Iblis, heraldo de Lucifer, con un narrador quien lejos de intimidarse por la demoniaca presencia, le impreca sobre el decaimiento del actuar de Satanás en el mundo. “En estos tiempos que van corriendo, ha disminuido mucho el prestigio de las legiones luciferinas. ¡Ni una solemne aparición! Ni un auto de fe que antes hacían temblar ante el solo nombre de Satanás…”.   
A partir de este punto la narración se convierte en una férrea defensa de las acciones de Lucifer, que aunque despreciables y  perversas se hallan lamentablemente escondidas en las actitudes humanas más comunes.
Satanás, de acuerdo con Iblis, está en la debilidad del hombre ante el placer, que lo impulsa hacia la belleza de las sensaciones.
A ello, se le suma la particular ansia por el poder y la perfección, que es un ímpetu que a la larga destroza la vida, puesto que es inconcebible alcanzarlas plenamente. “Somos los amigos del hombre [Lucifer y su cohorte], los que les llevamos por el verdadero camino de rosas, por el sendero del amor, de poesía, de triunfo, de belleza, que ambicionáis tontamente”.
También habla del connatural instinto por venerar la guerra y la violencia, así como la inteligencia y el talento, cuando el héroe y el genio no son más que figuras con los rasgos innatos de la maldad. “¡Ah, menguados humanos, al hacer la apoteosis de esos grandes carniceros que han sido los guerreros, de esos locos que han escrito grandes novelas de amor, de pecado, según los tonsurados, no hacéis más que loarnos, más que celebrar nuestro poder mágico”.
De esta perspectiva, surge la inquietante duda que se aproxima al límite de nuestros miedos, y que se transparenta con impronta de herejía a través del cuento meziano: El diablo, la personificación imaginativa de la maldad, en verdad, es una fluencia de la personalidad humana, que pervive en cada resquicio interior, como si fuera un depósito de desequilibrantes mareas de miasma espiritual. Por tanto, el relato mantiene un tono pesimista, deprimente, tal como lo expresa al final el narrador. “Y el buen Iblis partió como llegó, dejándome sumido en meditaciones que ahora  muerden mi carne (…)”.    
En medio de tales ideas, se expresa un descontento ante la religión y algunas concepciones bíblicas que son asimiladas acríticamente por los humanos, y que han de entenderse bajo la luz de la ciencia. Ideas sobre el ser humano como única y máxima  de Dios, la creación divina o la religiosidad ante las imágenes son sometidas a duda, desde la voz infernal de Iblis.

B)      EL CUENTO, VEHÍCULO DE PUNTOS DE VISTA:

En el cuento de Ladislao Meza, Baudelaire 
es retratado como el modelo del escritor, 
aunque en la vida real haya remecido el 
canon literario de su tiempo. 
El cuento, es obviamente un acto de la imaginación, pero también ha sido aprovechado desde tiempos inmemoriales como medio para difundir ideas y concepciones de la realidad. El cuento fantástico por contrastar con lo real, hace que emerja con más claridad las posturas del relato y del autor. Meza cumple notoriamente con esta finalidad.    
Estamos, en definitiva, ante un texto erudito, reflejo de un hombre dotado de capacidades en diversas áreas del conocimiento como la ciencia, la teología, el arte de filosofar y la literatura, esta última que se expresa con la mención de escritores dentro de la trama del relato, con la propuesta – consciente o inconsciente – de exponer aspectos de crítica literaria. Primero menciona a Leónidas Andreiev, escritor ruso muy conocido en la época, experto en profundizar en actitudes retorcidas y personajes con problemas mentales. También se habla de Dante Alighieri, creador de una de las máximas obras apologéticas de la religión cristiana; y finalmente, el célebre Baudelaire, francés del siglo XIX que revoluciona la poesía por su temática ligada a lo satánico y a la podredumbre humana. 
Los tres literatos describieron desde sus propias perspectivas la relación de la maldad, de lo satánico, en contraste con lo sugerido por la religión y las acciones positivas. En esta parte del relato subyace una teorización literaria.
En el nivel ficcional, el personaje diabólico Iblis, que representa el canon, se burla de Andreiev, quien manipulado por Lucifer crea un diario de Satanás que no logra expresar la verdadera dimensión de la maldad, con un resultado risible y superficial. Así, parece simbolizar al escritor indisciplinado, que escribe sin rigor, a pesar de su impetuosidad y motivación. Luego, Iblis critica entre líneas a “La Divina Comedia”, asignándole la valía de ser una obra genial, pero contaminada en demasía por alguna ideología, y por lo tanto, susceptible de ser defenestrada desde determinados parámetros. Es una alegoría del escritor profesional, pero cuya imaginería escapa de lo aceptado por el canon.
Al final, se cita versos del poema baudeleriano “Letanías de Satán”, y el elogio de Iblis es consecuencia lógica, puesto que coincide con sus ideas, con sus criterios, es decir, con el canon. Según esta apreciación, el francés es el prototipo del buen escritor, que escribe reflexivamente, y a su vez, satisface al canon.

LA TENDENCIA HACIA LO FANTÁSTICO EN ANCASH
Connotados escritores ancashinos también se aproximaron a los linderos de la trasgresión  realista para incursionar en el género fantástico. Entre ellos debemos destacar a Aurelio Arnao Loli (Huaraz 1868 – Lima 1940), que fue un hábil creador de escenarios de terror. En su obra “Cuentos Peruanos” (1939) el prologuista Aurelio Miró Quesada refiere que “Arnao se distinguía por su habilidad de narrador, su equilibrio, su don de mover personajes muy reales y que él sabía componer con elementos en apariencia sencillos con un estilo natural, un vocabulario siempre limpio y un adjetivo siempre justo”. Su influencia en la dinámica literaria del país se comprende mejor por su amistad con Enrique López Albújar, con quien escribió el libro “Miniaturas”, un poemario dedicado a damas limeñas acompañados de sus respectivas fotografías. En “Cronicones novelados” (1940) propuso una mezcla de historia y cuento.   
Teófilo Méndez Ramos (Huaraz 1894 – 1954), es otro referente de la narrativa fantástica. Bajo la influencia de Clemente Palma, Edgar Allan Poe y Octavio Araya Soto, escribió  los cuentos “Resurrexit” y "El Diamante Azul", relatos del libro “Almas enfermas” (1853¿?). En la Revista Amauta (número 25, 1929) el escritor Juan Eugenio Garro lo califica de hombre fraterno y de elevados ideales. Desde la revista ancashina Vesperal difundió sus poesías y relatos.

CONCLUSIÓN:

El cuento fantástico en Ancash guarda las características propias del Modernismo, como la evasión y el refinamiento verbal y formal, complementado con un estilo propio que bajo la descripción de ambientes sobrenaturales y urbanos proyecta escenas de la vida, como una realidad compleja donde entra en juego la razón en lucha constante con los eventos de la emotividad humana,  con la finalidad para metaforizar o cuestionar la misma realidad, conformándose una senda que deberá seguir la nueva generación de escritores ancashinos, en plena conciencia de que se ha establecido desde hace mucho una senda nueva por recorrer.    
Huaraz, en una tarde que las matemáticas intentan imponerse
a la reflexión literaria, abril de 2015.




[1] MARCHESE, A, y FORRADELLAS, J. Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Ariel S.A. Barcelona. 1994. p. 347.  
[2] LLOPIS, Rafael. Historia natural de los cuentos de miedo.  Júcar. Madrid. 1974. P 45.   
[3] BIOY CASARES, A., BORGES, J. y otros. Antología de la literatura hispanoamericana. España. 1977.
[4] Núñez, Estuardo (1965): La literatura peruana en el siglo XX (1900-1965). Editorial Pormaca. México.
[5] TORO MONTALVO, C. Literatura Peruana. Lima. 1994. p. 471.
[6] Biblioteca Digital de Ancash. Recuperado en http://bvirtual-huaraz.260mb.net/
[7] MONGUIÓ, Luis. La poesía postmodernista peruana. Fondo de Cultura Económica. 1954. 
[8] FERNÁNDEZ CUENCA, Justo. Antología de cuentistas ancashinos. Fondo Editorial de Huaraz . 2014. P. 53. Todas las cursivas son extraídas de esta compilación.
[9] Idem. p. 69.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Mi nueva obra: "UN ÁNGEL SENTADO EN MI CAMA" - Descargue versión sumaria

SINOPSIS DEL LIBRO: La muerte se concibe comúnmente como una tragedia en la vida. En este libro se define el morir como un acto cercano que permite valorar la vida. Sus personajes participan de una misma experiencia, no sólo porque mueren de una manera extravagante, marginada o extraña, sino porque viven una etapa de honda reflexión en torno a la muerte. Se propone pensar la vida desde la muerte, para entenderla mejor. Atrevida y original manera de reflexionar sobre la existencia. Contiene 10 relatos, todos en torno a la muerte.

Para descargar la versión sumaria del libro, elija una de las dos opciones:- Haga click derecho y presione ir a...- Pegue la dirección en Google y oprima Enter.  


https://drive.google.com/file/d/0B5qZ3QWU75cQVFBfT3JMUWZ4ZkU/edit?usp=sharing

PARA TUTORES 1: LA VIDA SIN MÚSICA ES UN ERROR.

El acoso escolar es un problema que puede resolverse, gradual y pacientemente. Debemos pensar así. La Ley Nº 29719, que promueve la convivencia sin violencia en las instituciones educativas, establece acciones para prevenirla, reducirla y erradicarla; sin embargo, también se puede sensibilizar a los estudiantes con música. Si algunos de ellos están equivocándose en sus vidas, maltratando o dejándose maltratar, pues acudamos a la música. Ya bien lo decía Nietzsche: "La vida sin música, es un error". 
Veamos el siguiente video editado por el Ministerio de Educación, que sustenta la frase anterior. Míralo y emociónate.


lunes, 15 de septiembre de 2014


LIDERAZGO PEDAGÓGICO: EL TESORO, EL DRAGÓN Y LA PRINCESA

EL LIDERAZGO PEDAGÓGICO HA SIDO RETRATADO METAFÓRICAMENTE DESDE TIEMPOS INMEMORIALES, Y SE HA SUSTENTADO EN TRES CUALIDADES BÁSICAS. SEPA CUÁLES SON Y CÓMO DESARROLLARLAS, A PARTIR DE UNA VERDADERA ACTITUD DE CAMBIO.
En el siglo XIV, la tribu Ahu, de la isla de Pascua, tenía un insólito ritual. Convocaban a todos los jóvenes de trece años en las montañas y ante ceremonia pública debían competir en un reto muy singular, consistente en obtener un huevo de manutara – que es una especie de gaviota oriunda – y llevarlo en la cabeza nadando en un lago hasta depositarlo en manos del señor de la tribu. Quien llegaba primero, entre cánticos y bailes, era consagrado hombre-pájaro, y se le otorgaba la preeminencia ante los demás jóvenes, quienes lo obedecían y respetaban.
Como podemos ver, no se exige en esta prueba aporte material o económico, ser hijo o protegido del gobernante o determinado rasgo de nobleza, simplemente se requiere habilidad y actitud. En esa cultura el cumplir con la proeza en honor del jefe tribal era el requisito para ejercer el liderazgo.
En la literatura maravillosa, se puede encontrar metáforas referentes a la obtención del liderazgo, por ejemplo, era imprescindible atravesar un laberinto o un lugar abstruso e inexplorado, o debía vencerse a un monstruo unas veces, y otras, a algún villano con poderes sobrenaturales. Superado este escollo, el héroe conseguía un tesoro luminoso (el conocimiento superior - saber), el reconocimiento de sus hazañas constantes, tradicionalmente, derrotar a un dragón (el prestigio social – saber hacer) o la mano de una princesa (el derecho a ser querido en la sociedad – saber ser); lo cual determinaba el carácter de líder a través de las tres cualidades descritas.
Y observamos que estas tres metáforas siguen siendo las mismas cualidades propias del líder en la actualidad.    
En el fondo se trata de hacer algo que distinga a la persona de las demás, sin que esto signifique caer en la marginación, sino generar admiración. Se trata de impulsar a otros a hacer algo bueno para el desarrollo de todos, y no de usar el desarrollo de todos para impulsarse sólo a uno mismo. Se trata de ser un guía ante problemas y una persona proclive a detectar lo mejor de cada persona y brindarle los caminos para descubrirlos o autodescubrirlos.  Todo esto hace más poderoso al líder. Maxwell (2005) afirma que una ley irrefutable del líder es ser más fuerte, pero más fuerte que sí mismo y esto implica un conocimiento interior, la búsqueda de una luz propia que se encuentra oculta y falta develar. 
Si nos preguntásemos ¿qué es lo mejor que tengo?, tras un examen de conciencia encontraremos muchas alternativas. Bien, tomemos una de ellas y cultivémosla hasta convertirla en un talento. Entonces se ha descubierto el tesoro luminoso de los cuentos, que ahora estaremos convirtiendo en una realidad. 
Según Kotter (2001), “el liderazgo se desarrolla diariamente, y nunca en un solo día”. ¿Se imagina usted llamar médico a un señor que un día curó una herida y nunca más hizo algo similar? ¿Cree usted que se puede llamar docente a la persona que dictó una clase de veinte minutos hace treinta años y nada más? En consecuencia, el liderazgo también tiene por imperativo el ser una constante, sólo exhibiendo hazañas consecutivamente se va construyendo la solidez del líder. Esto es un saber hacer perseverante, que consolida en el otro la intuición de que el líder siempre mantendrá esta postura beneficiosa, y por lo tanto, lo admitirá como una persona confiable, y la confianza es el fundamento del liderazgo.
En nuestras escuelas, es evidente, la necesidad de que cada uno de los maestros se conviertan en líderes, pero en este caso, en líderes pedagógicos, es decir, ser “alguien capaz de conducir a su equipo hacia objetivos y metas que permitan mejorar los aprendizajes de los estudiantes” (MINEDU. 2013).
Todo maestro tendrá que dejar de ser un administrador del aprendizaje para ser un líder hacia el aprendizaje. Según el Diccionario de la Real Academia Española, en su primera acepción, administrar es ordenar u organizar bienes, concepto que da la idea de distribuir adecuadamente, en el caso pedagógico, los conocimientos y estrategias educativas; pero la mejora de los aprendizajes debe pasar por otro proceso: Hay que liderar el aprendizaje, es decir, crear las condiciones óptimas para que el estudiante aprenda de forma más duradera, precisa y práctica.
Un maestro es líder pedagógico cuando se ha transformado en una verdadera autoridad. La diferencia entre docente tradicional y un maestro líder pedagógico radica en el origen de la autoridad, dejando de lado la premisa de la relación dominio – subordinación, sino empoderando el posicionamiento efectivo del profesor frente a la gente que le rodea, haciendo de él una autoridad cognitivo-estratégica y una autoridad moral. Debe conocer muy bien lo que enseña, tener conocimiento (tesoro – saber), debe hacer constantemente las cosas correctas, o sea, dominar estrategias pedagógicas e interpersonales (vencer al dragón – saber hacer) y finalmente,  debe conseguir la mano de la princesa (ser querido – ser) dentro de su comunidad educativa.
Los premios que logra el líder son el correlato de sus actitudes: Quien sabe tiene (y obtiene) un tesoro, quien hace las cosas bien se granjea prestigio social y quien sabe ser persona llega a ser amado por todos. ¿Y quién no aspira – ya sea directivo o docente – lograr este estatus? Pues en verdad, todos lo deseamos, no obstante, requiere de una actitud de cambio, virtud deseable para nuestra época que nadie ha expresado con mejores palabras como Mahatma Gadhi lo dijo: "Nosotros hemos de ser el cambio que deseamos ver en el mundo".   
Cuentan que Gandhi fue abordado cierto día por una mujer preocupada porque su hijo consumía demasiado azúcar. "Temo por su salud", le dijo la mujer, "él le respeta mucho, ¿podría usted decirle los riesgos que corre y convencerle de que deje de comer azúcar?”
Tras una breve reflexión, Gandhi le dijo a la mujer que accedía a su petición, pero que le llevara a su hijo al cabo de dos semanas, no antes. Dos semanas más tarde, la madre llevó al muchacho. Gandhi habló con él y le sugirió que dejara de comer azúcar. Cuando aquél finalmente aceptó la sugerencia de Gandhi, la madre exageradamente agradecida, no pudo por menos de preguntarle al maestro por qué había insistido en que esperase dos semanas.
  • ¿Por qué?, repuso Gandhi, porque necesitaba esas dos semanas para librarme yo del mismo de ese hábito.
Y el cambio es la primera misión del líder pedagógico, en aras de convertirse en un héroe de la educación, teniendo siempre en cuenta que serlo no implica necesariamente hacer titánicas proezas, sino también saber contribuir a la mejora educativa, saber optar por la verdad que encierra la frase de Napoleón Hill: “Si no puedes hacer grandes cosas, haz cosas pequeñas de mejor manera posible”.   
BIBLIOGRAFÍA:
1.       KOTTER, J. (2001). El directivo como líder y como ejecutivo: la simbiosis del éxito. Harvard Business Review. EE.UU.
2.       MAXWELL, J. (2005). Las 21 leyes irrefutables del líder. Maxwell Motivation Inc. Nashville - Tennessee.
3.       MINEDU. (2013). Rutas del Aprendizaje. Fascículo de Gestión de los aprendizajes. Navarrete S.A. Lima - Perú.
4.       RODRIGUEZ MOLINA, Guillermo. (2011). Funciones y rasgos del liderazgo pedagógico. Educational research: the functions and                           features of leadership in school teaching. Investigación.

sábado, 2 de agosto de 2014

PRESENTACIÓN DE LA OBRA "UN ÁNGEL SENTADO EN MI CAMA"


Descarga gratis EL SEXTO LUGAR DE LA QUINTA

TERCER RELATO:

EL SEXTO LUGAR DE LA QUINTA

La propagación de una idea no es culpa ni es mérito de sus
asertores; es culpa o es mérito de la historia.
JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI.

Abajo, todo esfuerzo se maldice,
arriba, toda culpa se perdona.
JUAN DE DIOS PEZA.

Muchos me han visto hablando con las paredes de la calle. En definitiva, no creo ser un desadaptado social o un loco, ni mucho menos un vago sin oficio ni beneficio, pues por lo menos estudio en la universidad. Lo que sucede es que prefiero contar mis sentimientos a una pared y no un amigo o algún familiar. ¡Ellos no saben nada de nada! Las paredes y la noche son mejores confidentes. Y más seguras, aunque una noche no lo fueron tanto, y me enseñaron a ser más clandestino en mi labor, para ser más feliz.  

Domingo, de noche.
Habíamos tomado harto caliche y deambulábamos con Daniel bajo las estrellas del límpido cielo huaracino, hasta que encontramos una pared enorme, bella y sucia – como una exuberante mujer de la noche – dispuesta a recoger nuestras más secretas intimidades.
Yo me animé a escribir primero, tomé el espray y comencé mi trabajo, de pronto, corre carajo, esa luz debe ser del carro de la tombería, me gritó Daniel. No, no creo por acá, le respondí. El humor tibio del alcohol me envalentonaba. Como que no creo, sonso, ¡la patrulla se aparece por donde sea!
La luz provenía de inmediaciones del parque FAP o la avenida Gamarra, según mi ofuscada conciencia. Pronto aparecería un auto raudamente. Te dije, vámonos, es el color oscuro de la policía, susurró amargo mi amigo. ¡Espera!, sólo me falta una frase, debe terminar así: “…tienen la esperanza de que caigan”, sí, así debe acabar, sin ella mi frase no tendría sentido, le contesté mientras seguía escribiendo casi delirante. Qué sentido ni qué nada idiota, corre, ¡corre! El auto se acercaba más dejando notar su temida presencia para la gente agazapada de forma ilegal entre las sombras de la noche. Mi mano movía diestramente la lata de aerosol sobre el inmaculado lienzo de cemento. Sshhhhh – gemía el espray –  la C, la A… shhh, la N… shhh, CAIGAN. ¡Listo! Corre, corre.
El envase de espray rojo quedó rodando por la acera, el carro oscuro pasó despistado. No era la patrulla policíaca.
Lunes, 2:30 a.m.
Hace frío. El frío, acá, es capaz de colarse hasta los huesos, de coagular la sangre, tú no sabes, para combatirlo es inevitable y a la vez el mejor remedio ir a las avenidas Fitzcarrald o Sucre, la triste Meca de los tomadores impíos, a comprar una nutritiva botella de té o hierba rala, como vino de iglesia rural, con un chorro analgésico de alcohol no refinado, celestial, seguido del rito religioso de la sagrada purificación circular, con el mismo cáliz y en comunión de todos los creyentes: el caliche, ideal para expiar todas las inhibiciones humanas, es decir, en términos eclesiásticos, los pecados.
El caliche es un volcán, calienta, no obstante, cualquier parte de la ciudad es igual. El frío sale para todos, embargando con deletérea fruición la voluntad y los pensamientos amodorrados de los transeúntes, transformando la ciudad hasta convertirla en un terrible espacio de concreto, donde el ocio o la creatividad pueden implantar su reino sin poderío. Y la soledad progresa, característica inmanente de los rincones citadinos, mientras, para contrarrestar al medio ambiente abrumador, el caliche.
Ahí, entre el caliche y el frío, las calles de Huaraz están vivas, nos acompañan, nos hablan calladamente, nos recriminan sin asco y hasta nos aconsejan con sapiencia como el susurro de un padre tras el confesionario, de forma anónima y con autoridad infalible. Se presentan surtidas de frases, lanzando su inerte expresión revitalizante. 
¡VIVA EL PARO NACIONAL! / 25 DE MARZO. ABAJO EL TLC.
AMOR, NO OLVIDES QUE SI LLORAS, SÓLO PUEDE CONSOLARTE QUIEN TE HIZO LLORAR. JOSÉ.

Ni el frío ni la quiebra económica logra exterminarlas, y se mantienen, fieles a su misión de representar al enorme patio nublado que subyace en el alma.

ESMELINDA, AUNQUE ESTES DONDE ESTÉS SIEMPRE TE LLEVO EN MI CORAZÓN.

-  Ja, ja, ja – ríe Esmelinda, una cerril chica de saco azul recientemente decepcionada por su novio – si yo estuviese allí hace tiempo que le hubiera provocado un infarto a ese desgraciado.
El hoy y el ayer confundidos en una palabra despiertan a los primeros noctívagos que se curan de la nueva resaca. Confundidos y absurdos, coherentes y famélicos. Reza una oración última depositada en los mugrientos muros:
YO NO SOY DE HUARAZ

-  Eso se nota – balbucea con desgano algún sensibilísimo indignado -. Serás un extranjero o un resentido. Y gesticula sin norte semejando a quien se ríe de una mala broma o de un buen chiste asesinado. 

A L ¡ARRIBA COMANDO GRONE!

Huaraz, la gran Huaraz, se escribe en las paredes, en las mesas, en los suelos.

ABAJO BUSH/FUERA CÉSAR ALVÁREZ

Yo había vagabundeado solitario por rincones y plazuelas sin encontrar, esta vez, diversión. Mi enamorada, Karen, no quiso salir conmigo, esta vez, pues prefirió ir a misa de nueve, la última misa de la noche, preparándose para su retiro espiritual ya que pronto haría su confirmación. Seguro había llegado a casa exhausta por el aburrido palabreo del padre que trataba de improvisar una especie de sermón católico con realidad socio-económica… Para que la Virgen nos ilumine con su bondad ¡Te  lo pedimos Señor! Para que cada día seamos más dignos de tu Gracia ¡Te lo pedimos Señor! Para que haya equidad en el Banco Mundial y el modelo neoliberal ¡Te lo pedimos Señor! Frases propias para estar pintarrajeadas con brea embelleciendo el muro de algún hogar cristiano, pensaba yo, sonriendo malicioso. Estaría cansadísima y al mismo tiempo alegre, pues se sentía integrada a su sociedad mediante la iglesia.   
Por el contrario, yo me sentía como un elemento aislado de mi estructura organizada, y por lo tanto, sin significado ni validez; ni mi cierta simpatía para las huaracinas, ni mis modales prefabricados, ni mi relativa apariencia intelectual, ni mi billetera llena de fotografías carné me reconfortaban cuando estaba solo, como siempre, aunque ya debería de haberme acostumbrado. Subconscientemente pensaba… no importan las cualidades ni las formas externas, sino mi función  en la urbe, mi posición en el sistema  que  me incluye y al cual me debo. Conscientemente… soy un pobre idiota, que más da… porque siempre lo fui.
Recuerdo que de niño mis padres nunca escuchaban nada. Llegaban de la casa agitados y andaban de aquí para allá. Las ropas sucias, la comida, las compras, las tareas de Rolandito y seguramente también, el sexo de los casados, al final, como última preocupación. Al poco rato ya se les veía mirando sus relojes. Me acariciaban la cabeza y volvían a salir. Un día, cuando estaba en la escuela un niño me pegó. Todo fue por una niña, todo pasó en un segundo. Ese Javier se había mantenido agachado detrás de una carpeta esperando a que pasara Maricarmen. Yo lo vi, pero ni siquiera intuí que aguardaba el momento preciso para burlarse de ella. Cuando se aproximó el otro saltó de su escondite y sin vacilación le bajó el buzo. Se le vio su calzoncito rosado, su piel rosada, y más arriba, su carita aún más rosada, roja, escarlata, bermellón oscuro. Lamentablemente, ella buscó con la mirada perdida a alguien que la defendiera, y ante tal ausencia – pues todos reían y  la señalaban – optó por ponerse a llorar y se lanzó sobre mí. Yo la abracé y me quedé congelado, sin saber qué hacer, nunca había sentido a una niña tan cerca de mí. Era delgada, transmitía una tibieza conmovedora y creo que suspiré, como nunca lo había hecho. La abracé también. En eso, Javier me apuntó con el índice despiadadamente justo en medio de mi frente y gritó: ¡Fito y Maricarmen, Fito y Maricarmen! Fue suficiente, me llené de rabia y en menos de una décima de segundo le propinaba una patada furibunda. Maricarmen, viéndose desprotegida, se fue corriendo. Volteé y traté de llamarla. De pronto sentí un ardor incomprensible en mi nariz. La sangre brotó sin cauce, despavorida. El puñetazo de Javier había sido violento.
Aquella pelea quise contársela a papá, no sé si con afán heroico o como forma de adquirir alguna orientación paterna, mas, cuando inicié mi relato, me vio a los ojos como si estuviese viendo un partido de fútbol y me dijo que iba a volver pronto, que no tenía tiempo, que en la noche iba a oírme. Lo esperé hasta su retorno, dormido sobre el sofá. Regresó ebrio y casi sin mirarme se tiró a dormir la mona. Lo habían ascendido al puesto de adjunto del contador general en la empresa de los Moreno y las cervezas ayudaron a plantar las firmas correspondientes. Entonces lloré mucho, a escondidas como siempre lo hacía, y me sentí solo, muy solo. Luego, saliendo de mi desdicha sufrí una conmoción, de la pena al rencor. Entonces escribí con una tiza en el piso: PAPÁ ES SORDO. 
Fue mi primera inscripción.
Ahora, después de extrañar a rabiar a mi enamorada, busqué a Daniel para tomarnos unas botellas de caliche, y de acuerdo a mis hábitos de bestia de la noche salí como un explorador a buscar donde seguir haciendo mis subrepticios anuncios en la hechura; y públicos en exceso, tras el delito.     
Después que pasó el carro negro, nos escabullimos de entre la sombra del árbol que nos sirvió de camuflaje. Te dije que no era la poli, le dije a Daniel, quien sin hacerme caso contestó: Oye Fito, tu frase estará maldita, supongo, ya que te obsesionaste en acabarla de pintar en la pared, ¿la terminaste? Sí Dani, como no, aunque con el apuro dejé los tubos de espray tirados. ¡Qué diablos! al menos ya adornaste a ese institutito de miércoles. Sí pues, Dani, le contesté poniéndome pensativo viendo su rostro cuya nariz parecía un signo de interrogación y recordé lo de mi madre.  Y… - carraspeó Dani antes de proseguir - hablando de ese instituto, ¿no va a volver tu  vieja a trabajar?
Mi mamá era personal de servicio en ese instituto más conocido como el CEO. Decían que ya era muy viejita para limpiar todos los salones, pues era una anciana. Y la iban a jubilar.
Creo que así  va a ser – le respondí –, claro que trabajando gana más, la pensión de jubilada es una miseria, bueno, así parece, en verdad mi madre no quiere jubilarse, dice que se sentiría inútil. ¿No se puede hablar con el director?, me interrogó Dani. Eso es culpa del gobierno, no del director. Es cuestión de leyes no de personas. Entonces Dani dijo: ¿Acaso las leyes no sirven para proteger los intereses de las personas? No sé, contesté cortante porque debía terminar esa conversación, ya que estaba contándole demasiado a Daniel, y eso me parecía nocivo.
ANDRADE PRESIDENTE UN PERUANO COMO TÚ

Por eso confiaba más en las paredes. No me dicen qué debo hacer ni tampoco andan por ahí tergiversando lo que se les ha confiado. Tampoco suspiran sin saber que decirme ni fingen una empatía que no sienten. Dani ya se estaba enterando demasiado de mi vida. No era bueno. Tenía que cambiar de tema. Tal vez hablaba porque me sentía aún bastante picado. El alcohol cumplía su rol a perfección.

PATTY, TE AMOOO

Estaban temblando. La fiebre del caliche se les iba evaporando con el correr de los minutos. Una ráfaga de frío acarició los rostros. Unos segundos de mutismo acompañaron su incontrolable tiritera.
En eso, rompiendo el hielo, pregunté a Daniel por su enamorada, o mejor dicho, su casi enamorada. Oye, aquí estudia Raquel, ¿verdad Dani? Aaah, ya está en segundo ciclo. ¿Aún te gusta? Nonono, esa flaca ya fue. ¿Lo dices por que no te atracó? Dani me contestó con una señal de fastidio.  Yo continué: vaya, no seas despechado, además flacas hay un montón. Ya sé que hay bastantes mujeres, quién se va a encaprichar con ella, me mandé una vez y no quiso, y listo, a buscarse otra, además es una creída, cree que tener un rico cuerpo es razón suficiente para triunfar en la vida y convertir en caracoles a los hombres. Vaya, qué frasecita uón, le dije. Pero está buena, ¿sí o sí? No sé – Daniel se queda pensativo, observando el oscuro color de la pista. Yo creo que aún la quiere este sonso, pensé y decidí proseguir. Y no crees… ¡Qué frío hace! y eso que hay luna, me cortó. O sea que ya no te gusta, intenté reanudar el diálogo. No, ya no ya, me gustaba antes, aunque… bueno, olvídalo. No, qué me querías decir. Nada Fito, nada, qué hora es ¿ah?, dijo evadiéndome aún con más vehemencia. Ya no proseguí con el tema, de repente él también no confía mucho en mí. De súbito sonó la alarma de su Nokia, roll on, identifiqué,  encendiendo las luces rítmicas. ¡Oye imbécil, las tres y treinta! – gritó. Es la hora que puse para estudiar epistemo, siempre estudio de madrugada para captar mejor. Tarde no, le dije un tanto desorientado. Y el lunes, o sea hoy, tenemos examen en la universidad. Cierto, los finales, ni me había acordado. ¿Vamos? Vamos pues. ¿Te vas por allá? Sí. Chao, nos vemos. Nos vemos mañana a las ocho. Ya, chao.
De ese estilo solían ser nuestras conversaciones, entrecortadas y anémicas de contenido, nunca nos enterábamos más de lo que debíamos saber. Tal vez por eso éramos amigos, no teníamos la necesidad de identificarnos entre nosotros, y por tanto, de aburrirnos mutuamente.
De todas maneras con Daniel me sentía a gusto. Era tan igual como yo, tal vez hasta sentía lo mismo que yo y no había motivo para querer interesarme de sus sentimientos, ni él de los míos. Ambos éramos flacos, libábamos caliche por puro gusto, nos gustaba pintar burdos grafitis y sobre todo solíamos ocultar nuestra verdadera identidad tras el silencio. Encima de todo ello, y aunque suene incompatible, a los dos nos encantaba de verdad el estudio y no por pura finta, sino que chancábamos a rabiar. En las exposiciones solíamos hacer gala de nuestra verborrea, esa misma que adormecía a las féminas más lindas y provocaba las interrupciones solapadas de nuestros compañeros, pero además, que encantaba a los profesores de la UNASAM, ese conjunto de habitáculos celestiazules y morosos habitados por almas sin pena, donde aparte de los saberes uno aprende mucho de lo que no debe saber y algo de lo ya sabido. A mí realmente esa mezcla ambigua de rigor e indiferencia académica que se respiraba hasta en el cafetín me afectaba. Y si aquella sensación infectaba hasta a los acreedores de las frivolidades propias de la vida social universitaria, cuantimás a lectorcitos como yo o Daniel, cuyas mentes se resistían a ser suplantadas por esos ingeniosos moldes repetitivos de luz y candor intelectual.       
Un día, ya muy chispo, le conté a Daniel el origen de mi amor por los libros y el conocimiento y lo hice utilizando mi más florido léxico. Mi discurso mentalmente deseaba expresar lo siguiente: En la secundaria las verdades se manifestaban de manera acríticamente absolutas, el conocimiento yacía configurado en un machote apolillado de unas centenas de palabras, en una serie lineal de enunciados y metodologías seudodialécticas y casi escolásticas en formato de docentes dogmáticos y despreocupados de su labor didáctica o en crisis de sus esquemas síquicos más elementales, por ello tomé un gran interés por el estudio y empecé a tenerle tirria a lo tradicional y a lo aceptado de manera conformista y no sé por qué  no me sentía igual que los demás, identificado sí, pero igual, no; yo era un ser humano, en definitiva, pero debía ser singular y único, distinto a los otros, especialmente diferente de los que viven apabullados por las convenciones sociales. Sin embargo, en la borrachera, entrecortadamente mascullé: En el cole todos creían que en el libro estaba todo y encima los profes eran unos brutos, bueno, unos malditos despreocupados, por eso me relajé y empecé a estudiar por mí mismo, siendo yo mismo pe, por eso me gusta chancar. Daniel aseveró pensar y sentir de la misma manera, por eso congeniamos.
La gente se ríe de mí y de Daniel, creen que somos unos desadaptados porque  no  nos  lavamos el pelo, andamos de noche aparentemente sin sentido, vagando, no como todos que sólo andan por pasear o buscando alguna disco. Siempre estamos gritando huachafadas por las calles, nos reímos, también, de las personas, y en las marchas de protesta cogemos piedras, rompemos lunas y cabinas telefónicas, símbolos del inhumano monopolio que nos agobia. Realmente creen que somos diferentes, y eso nos alegra, hasta muchas veces los engañamos y creen que somos felices así. Se equivocan. No saben que detrás de esta apariencia de  desclasados y alienados – como nos llamó en una oportunidad el calvo profesor de sociología, pintoresco señor que cita en inglés y usa gorritas escocesas – somos personas solitarias, de esas que se sienten solas en medio de una procesión. Además, somos, y todos lo saben,  los mejores estudiantes de la Facultad, sin humildad ni remilgos. Devoramos todo libro que cae en nuestras manos, sacamos buenas notas y somos creativos, tenemos nuestras flacas y somos unos pobres tontos, pensamos que vamos a vivir del conocimiento. Y a pesar de todo ello, tenemos una aceptación social,    mmm, sostenible, digamos, y nuestras relaciones no trascienden lo cotidiano, oscilan entre la pasividad y la sicosis, entre lo furtivo y lo plausible. Y… bueno, nada más, nada más, creo que debo callarme, sin darme cuenta ya te estoy confiando mucho, y que yo sepa, no parece que seas tan discreto como una respetable pared. 

Aún lunes. Lento atardecer.

Horas después del examen de epistemología, Daniel ingresó al baño de la Facultad de Derecho pensando en Raquel, la mujer de quien verdaderamente se había enamorado hasta el tuétano. Empero, ella no le mostró ni un fatigado gesto de amor. Nadie está obligado a amar, por tanto, su desdén podría ser natural  y justificado, y simbólicamente terrible como una bandera izada entre los despojos de un país avasallado, como una conquista sin conquistador. Ella seguía ahí, remota, atemporal. Quizás falló en su estrategia de cortejo. Como en sus ojos de camelado la veía como un hada celestial, no le regaló chocolates ni perfumes, sólo intentó homenajearla espiritualmente dándole un poema. Así pensó Dani enamorarla. Era imprescindible dar parte de sí y no solamente lo que se puede pagar y no se puede sentir, decía ilusamente. Si hubieran iniciado una relación desde esa tarde en que se declaró infructuosamente, ya se estaría acercando su primer aniversario. Pero eso era una ilusión, parecido a su poema, una utopía sin ton ni son. No logró estar con ella, con su perfecta e inalcanzable Raquel, la dama de sus sueños. Aun siendo apegado al conocimiento, Daniel nunca había puesto interés en la clase de Literatura, pero desde que conoció a Raquel memorizó versos y versos y se esforzó en confeccionar una poesía que fuera pulcra y adecuada para Raquel. Pasó varias noches sin dormir buscando la frase suprema, la palabra que diera vida a sus sentimientos. Muchos pensaban, los que no lo conocían a fondo, que era un estudiante íntegro, limpio, blanquito y algo introvertido, con plata y siempre andando con buenos libros. En verdad era muy inteligente, pero otra faceta más inverosímil se prefiguraba en él desde hacía poco. Estaba siendo dominado por el alcohol y cierta vez me hizo probar un poco de marihuana. Fito, mira, y me mostró una caja de fósforos humeante en la cual se había practicado un agujero. Adentro, la sagrada hoja ardía primorosamente como un guerrero vencido en la pira sepulcral. Y aspiró, aspiró. Él decía que la grifa lo ayudaba a inspirarse para hacer poemas, porque conscientemente había sido un rotundo fracaso como bardo. Pero la práctica hace al maestro, y su musa le incentivaba a no cejar en su intento cada vez que la veía salir del CEO con su sonrisa de niña y sus piernas de vedette. Y lo intentó mil y una noches. Así, reventado y duro, con los ojos rojos y huasca, logró hacer una poesía medianamente romántica. Según sus cánones literarios el poema estaba hermoso. Entonces se desintoxicó una semana y empuñando el sobre perfumado donde guardaba su joya lírica fue a buscarla. Cuando le confesó su amor en la esquina de su casa, Raquel sonrió. Él se alentó viendo un rasgo positivo de eventual ingreso triunfal a su corazón. Luego le entregó el poema y ella abrió el sobre indiferente. Se puso a leerlo, conteniendo otra tierna sonrisa, pero al terminar el primer verso no soportó más y explotó en una irónica carcajada. El rostro de Daniel se tiñó de invierno. Para ella, el poema era ridículo. Le dijo que no, terminantemente. Y así terminaron sin siquiera haber iniciado. Esa noche Daniel bebió caliche en su cuarto, casi hasta morir, destrozando su celular, escupiendo al espejo y escuchando de Joaquín Sabina la tonada que repitió toda la inconspicua noche hasta el hartazgo: “lo peor del amor cuando termina, son las habitaciones ventiladas…nananá nananá con sordina, la adrenalina en camas separadas”. Fito lo acompañó, aunque sin saber el motivo de tan desbocadas ansias de beber, pues Daniel no quiso hablar, sólo deseaba ser acompañado. Y esta tarde se había acordado de ella, la forastera de su corazón, Raquel. Pensando en su amor imposible, realmente imposible, entró a un inodoro. Leyó en el muro, distraído, la ya famosa y  legendaria frase escrita con lapicero verde que siempre acompañaba lealmente a quienes entraban solitarios y serios, como se debe entrar a un baño. Se veía, inmenso:

LA MASTURBACIÓN PRODUCE AMNESIA… Y OTRAS COSAS QUE YA NO ME ACUERDO

Bajó su bragueta Levi`s. Escupió, educadamente, no como un auquénido y se dispuso a orinar. Estaba a punto de cerrar los ojos para sentir mejor el placer de… en eso vio en la pared:

LA PALABRA IMPOSIBLE NO DEBE EXISTIR EN EL DICCIONARIO.
NAPOLEÓN

Enrojeció. Esa pared hedionda y con manchas de dedos que se habían limpiado le estaba dando una  tenaz lección. Él sabía muy bien que sí hay imposibles, puesto que se declaró una vez más y nada, y luego quiso acercarse a ella entre diez y veinte veces, pero Raquel siempre lo rechazó, natural, justificadamente. Olvidó guardar su miembro. Sacó un plumón de su mochila y escribió encolerizado haciendo una flecha desde el final de la frase:
CALLA IMBÉCIL, LO ÚNICO IMPOSIBLE SERÍA QUE TÚ NO SEAS UN TARADO

Estaba saliendo muy molesto, automátamente, fastidiado además porque en uno de los exámenes había obtenido una baja calificación, y recordó otra inscripción flamante y popular sellada en el Jr. Francisco de Zela, con la que se identificó en un día de francachela, haciendo que su cólera se volviera ira. Quiénes serán los Punkys, quiénes serán, ¡carajo!
SI LA EDUCACIÓN DA FRUTOS / QUE ESTUDIEN LOS ÁRBOLES.
LOS PUNKYS

El sol ya se ocultaba. Corrió desesperado. Enfado… Si ellos me joden desde las paredes, entonces, se dijo, yo también puedo joder a todo el mundo. Cólera… Entonces yo también escribo pe, ja ja, ya se fregaron todos los que me fregaron, las paredes, como siempre, serán mis cómplices. Alegría… entra al Tauca, bebe solitario varias cervezas, se va al centro, compra una pintura aerosol de matiz azulado… alegría siniestra… en una tienda de la Av. Raymondi. 

6:30  p.m.

Se  acuerda no sólo de Raquel, sino además de Magdalena. Nostalgia… recuerda lo que le sucediera hacía años… Más profunda nostalgia… esa santarosina se había rehusado también a sus requiebros amorosos, aquella mujer lo besó con fiereza en una discoteca pero en realidad estaba enamorada de otro chico, uno de La Libertad, un lapaco. Todo retornaba a él. Magda, yo te quiero, ¿acaso no me crees?, por favor, no te vayas. Dani, tú ya fuistes, sólo quería divertirme contigo, ya fuistes, ¿no entiendes? Pero… Mira – le interrumpió ella, salvajemente – fue por las circunstancias, “El Montrek” estaba repleto, hacía calor, bailábamos pegados, me puse romántica, quise vengarme y me diste ganas, por eso chapamos, fue el ambiente, no por ti. No, fue por nosotros, nosotros lo quisimos – rememoró Dani, más ofuscado. No fastidies Dani, adiós.
Fue una tormenta del momento, en verdad, un beso producido por la presión más que por el amor. Fue el todo que influyó poderosamente en ellos, las partes.
Ahora verá. Ira… corrió  a la biblioteca. Aún está abierta. Esperanza… bien… se estrelló en unas sillas. Ella, Magdalena, frecuentaba la biblioteca. Desde que entró hace dos años a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se había convertido en una beata medieval. Cambió radicalmente. Ira, no, rabia… ahora sólo usa faldones y dice ya es muy estudiosita. Está vacía la mesa donde suele sentarse. Él siempre la espiaba. Ironía… ja, ja, ya se jodió. Llegó  a la mesa y escribió desesperadamente con el mismo plumón:

MAGDA, DEL CIELO CAYÓ PINTURA PARA PINTAR TU HERMOSURA Y COMO TE VIO TAN CHULA… 

Lágrimas resbalaron por su rostro. Pesar… Dolor… SE ME PARÓ LA
Salió llorando amargamente, no tuvo el valor de terminar su perniciosa frase.
¡Idiota, no puedes escribir en tu cara! – oyó que le gritaba la bibliotecaria pillándolo tardíamente. Daniel no le hizo el menor caso, se fue corriendo, acobardado, con la impresión de que quizá esa ciudad tan grande sería un competidor muy fuerte para él, como el lapaco ese de quien se vengó Madgalena con él.
En su dolor sufre un ataque de amnesia a la calma y descifra en sus manos y en su vida la marca indeleble del vacío, el cual fue acorralándolo espeluznantemente, como los muñecos irrisorios que causan pavura en el momento de la infancia que aún arrastramos,  como las calles lóbregas por influencia de la aterrada desilusión sentida, como un primer delirium tremens. Suda con  gélida violencia. Va trastabillando sintiendo en su interior el licor como una vertiginosa mano que le desgarra las venas y el alma, fermentándose él mismo. La gente lo observa extrañada, se alejan de él, lo marcan con su indiferencia para salvar su integridad vilmente amenazada por la nada  y la desconfianza.
Está corriendo hacia el Pedregal, le da el viento, se marea más. La ciudad monstruosa lo presiona irremediablemente, se siente más ebrio, cae entre las piedras, coge su espray, no sirve para nada, el sueño lo envuelve en una alegoría oscura de ruptura espiritual… dónde hay hierba, droga, por favor, se le nubla la vista, funciona, sí, funciona el maldito frasco, escribe a tientas, casi adormecido, embravecido y pasmado. Algo se le está quebrando en la subjetividad.
Hasta el amanecer estaría en la Comisaría Policial. Fue recogido del suelo por un policía que era amigo de su padre. Y al amanecer en una pared de El Pedregal se leía la siguiente inscripción:

EL QUE TE VENDE DROGA NO ES TU AMIGO, SINO EL QUE TE LA REGALA…

Y agregó, débil:
EN LOS MOMENTOS MÁS… DIF…

Mientras tanto yo, solo, sin saber por qué razón Daniel no contestaba el celular, me la pasaba pensando qué escribir. Mi mente sólo pensaba en tres cuestiones: primero, tratando de buscar frases para expresar el sentimiento guardado aquí dentro, muy dentro; segundo, en el amor por el pensamiento científico cada vez más ignoto y deleitante para mí; y tercero, en la barrera de incomunicación gigantesca que heredé desde mi infancia el cual me transformó en este hombre pusilánime y valiente que soy, es decir, un hombre distinto a los demás, con sus dones y defectos propios… aunque a veces me pongo a pensar bien hasta dar con la idea de que no soy único, sino similar, y hasta igualito a todos. Me digo… ¿quién pues sabe expresar a viva voz y perfectamente sus verdaderos sentimientos? Muchas veces, la palabra es limitante para expresar lo que sentimos, y además, aún pudiendo decirlo con asertividad, a nadie le gusta estar diciendo a todo el mundo lo que es, por seguridad o por esconder nuestras debilidades, que son nuestras y son cadenas que únicamente debemos arrastrar nosotros solos. Entonces ¿dónde radica la diferencia?, meditaba. Veamos, empecemos por el conocimiento. Mi amor por el conocimiento no es, en honor a la verdad, exclusividad mía. Es connatural al homo sapiens, porque conocer no es sólo buscar el saber científico o las teorías nuevas, sino también leer un diario, aprender a arar la tierra y hasta freír un huevo, que no siendo conocimiento en sí, tal vez no tan importante como el científico, es ciertamente más vital, pues significa el conocimiento que nos permite vivir. A veces me sentía un anormal por cavilar en estos aspectos que seguro a nadie le interesarían… ¿o serían mis complejos?, y qué, finalmente, ¿quién no ha heredado traumas y conflictos desde su niñez?, me preguntaba, sin saber cómo aparecen, o tal vez, tratando de determinar sus causas.            
Sí, hay causas. Y daban vueltas las ideas en mi cabeza cada vez más, y entonces, comenzaba a hablar y discutir conmigo mismo. Mira esta línea ____,  es una causa que conlleva posteriormente un efecto. No, la causalidad no es así ____, la causalidad tiene forma indefinida, un garabato; esta línea ____, solita, no tiene ningún valor, sólo es eso, una línea y no un todo, ¿entiendes? Sí, pero observa, esa línea es una causa. Claro, claro, una causa, una manifestación humana o natural, que es sólo una pieza de todo un engranaje complejo. Bueno, creo que sí tienes razón. Si la consecuencia de esa causa fuera única y solitaria se perdería en el sistema, podría pasar desapercibida y…
¡Vamos, vamos Toledo, contigo el Perú triunfará! ¡Vota por Toledo, la T de trabajo!
¡Mierda!, como interrumpen con esas campañas políticas, no dejan ni pensar. Ya es de noche, ¿qué será de Dani? Intento llamar por enésima vez. Su celular está muerto. Dónde estará, y, ¿por qué no salir a escribir solo?
Mientras tanto, en la comisaría Daniel no lograba acomodarse en el sueño. Su teléfono había desaparecido en el fragor de su lucha interna. Ya sosegado recordaba la biblioteca, los lectores, el último diálogo de alguien que lo vio ebrio y desesperado.
-  Oye, ¿y ése, qué tiene?, mira como escribe en la mesa de allá y con plumón todavía.
-   ¿Quién será?, respondía un tal Juan. Ese creo es Daniel, el amigo de Fito, ¿no?, ¿está borracho?

Lunes. 9:45 pm

De nuevo el frío destruyendo las caras. Las calicheras dispuestas a calentar a los noctámbulos y trasnochadores propician el caritativo combate contra la intemperie. Es entonces que las más recónditas quimeras cobran vida y realidad en la noche, frente a la bulliciosa ciudad que empieza a meterse bajo las sábanas, en tétrica hosquedad, hasta sosegarse completamente. La avenida Luzuriaga se atraganta de gente, de regalos banales en las tiendas, se viene encima la Navidad, se inunda todo de luces como un barato burdel parisino de sueños y utopías. Sin embargo, la noche suele subyugar la actividad, y poco a poco ejerce su dominio sobre la gente. Y cuando algunos inician la rutina del sueño, otros encaran la oscuridad…
Me preguntaba qué pondría ahora. Estaba solo y me sentía bien, es mejor estar solo solo y no solo acompañado. Lo sucedido a Dani era todo un misterio para mí, no estaba en la universidad, ni su casa ni en cualquier otro lado conocido. Su madre me dijo: Dónde andará tu amigo. No lo busqué más. Salí a maquillar el rostro de la ciudad. Qué escribir, pensaba. De repente vi a una señora en mini parada en una esquina, era la mujer del alcalde. Cierto, se viste así y se pinta como una mujerzuela, pero  no lo es, sólo parece. Esa tía es la muerte, qué traumas tendrá la pobre. Se cree jovencita seguro. Entonces se produjo una especie de iluminación en mi mente. ¡Ya sé qué escribir! Encontré, como hallar el elixir de la vida, un muro amplio frente a mí. Saqué el espray al toque. Ya ya, ya estoy cansado de estos gobiernos de porquería, pensé. Shhhhhhh shhh shhhhhhhh – refunfuñó el sonido de la pintura saliendo del espray.
Luego de un momento de catarsis artística popular se leía esplendorosamente en la pared.

NOSOTROS QUEREMOS QUE LAS PUTAS GOBIERNEN
PUES YA ESTAMOS CANSADOS DE QUE SUS HIJOS LO HAGAN.

Me obnubilé contemplando mi obra. Genial. Y me pareció tan magistral que fui invadido por la euforia: Ayayay, aquí no pasa nada, la pared y mi letra es lo máximo. Luego estuve ciegamente feliz: Nadie nos podrá detener, nadie nos impedirá escribir, ¡ni los tombos carajo! Comencé a saltar...