jueves, 7 de mayo de 2015

Literatura ancashina

PRECURSORES DE LA LITERATURA FANTÁSTICA EN ANCASH

Por: Rodolfo Sánchez Coello.
1. NARRATIVA FANTÁSTICA, UNA METÁFORA DE LA VIDA:

Lo  fantástico es la duda experimentada por un ser que sólo conoce las leyes
 naturales, frente a un acontecimiento aparentemente sobrenatural.
Tzvetan Todorov.

Siguiendo la idea de Vicente Huidobro, el poeta es una especie de minúsculo dios; y en esta perspectiva, el escritor asiduo a lo fantástico, toma elementos del mundo en aras de edificar una representación, para lograr un efecto de realidad que cause la participación del lector, que ha de creer en la “verdad” del mensaje como copia de lo real por medio de la escritura[1]. En caso del escritor de literatura fantástica, añade quiebres dentro de la representación, utilizando escenarios extraordinarios o inexplicables, pero que dentro del ámbito narrado resultan naturales y comprensibles. En este tipo de literatura no se aprecia cuestiones asombrosas en sí mismas, sino hechos que partiendo de la realidad ingresan a lo fantástico, con el único fin de simbolizar tabúes, sueños o vacíos de las personas, aspectos vedados por la sociedad o incluso, preocupaciones y angustias del escritor. Así entendido, lo fantástico es una metaforización de lo posible.     
Es por ello que la literatura fantástica difiere de la literatura maravillosa, en  tanto que la primera concentra su acción sobre hechos fácticos en un mundo creíble, que mediante la creación de una atmósfera truculenta, inserta la intromisión de algún elemento inexplicable, ilógico, que enriquece el mundo literario, básicamente cotidiano, volviéndolo extraño; mientras que en la literatura maravillosa toda acción se desarrolla en ambientes sobrenaturales o exóticos de principio a fin, poblado de seres mágicos y surreales, casi siempre de estilo infantil y soñador, en un ambiente poético y maravilloso; enmarcado en lo que  Rafael LLopis  denomina tradición de raíz blanca[2]; en contraposición a la tradición de raíz negra, de tendencia macabra y a veces oscurantista.       
La literatura fantástica en el flujo de su  propia elaboración propone un desequilibrio entre lo real y lo irreal, siempre, como expectoración literaria del escritor para reflejar de manera consciente o inconsciente, sus ideales, temores, vacíos o constructos del mundo.  

2. ASPECTOS SOBRE LA LITERATURA FANTÁSTICA EN ANCASH:

Aparte de servir como medio de expresión interior a través de alegorías, como es natural en los relatos de corte fantástico, los escritores de Ancash adscritos a este tipo de narrativa postulan un escapismo de la tradición literaria andina para centrarse en lo onírico como hilo conductor.
Bioy Casares afirma que los relatos fantásticos presentan leyes, incluso a veces, leyes especiales para cada cuento[3], de lo que se colige una ley que representa una característica común de nuestros literatos autóctonos: la instrumentalización de la trama como alternativa literaria frente a las limitaciones de un escenario con personajes e ideas típicamente andinos – casi hegemónica en escritores de la sierra de Ancash – ya sea desde una visión  moderna o tradicionalista,  para la expresión de sentimientos con rasgos occidentalizados o simplemente, más contextualizados a la medida del espíritu personal.
Ciertamente, los relatos fantásticos no han tenido una amplia cantera, sin embargo, si bien son textos aislados, pertenecen al universo de la literatura ancashina, y desde su eclosión lograron definir un camino para el florecimiento de una narrativa de calidad innovadora, con visos a promover en las nuevas generaciones la amplia gama  de posibilidades que ofrece el arte de la escritura.     


3. PRECURSORES DEL CUENTO FANTÁSTICO EN ANCASH:

Evidencias de literatura fantástica en el Perú pueden rastrearse desde los orígenes de la civilización incaica, que surcan desde las leyendas orales quechuas, algunos relatos coloniales, hasta la consolidación literaria del género en épocas más cercanas. Estuardo Núñez señala que “el cuento es una nueva expresión de narrativa que sólo aparece en el Perú, con caracteres vigorosos, a partir de fines del siglo XIX, ya que con anterioridad a esa época sólo se perfiló el auge de la llamada tradición, especie de cuento histórico y evocativo creada por Ricardo Palma[4]. En consecuencia, en el Perú el cuento fantástico de tendencia tenebrosa ha tenido una eclosión iniciadora muy significativa durante el Modernismo, siendo influencias importantes la narrativa de Clemente Palma, Ventura García Calderón – y cabría mencionar a Octavio Araya y Abdón Pajuelo, como iniciadores del cuento modernista en Ancash.  El Modernismo acogió de manera muy favorable los mundos fantásticos y de índole exótica, con un estilo que llevó al éxtasis y la belleza a muchos artistas[5]; y Ancash fue partícipe de este desarrollo histórico literario, puesto que la aparición de relatos inscritos en lo fantástico en Ancash se dio entre 1885 y 1925, etapa coincidente con un periodo de constante interacción y estrechamiento de lazos entre escritores ancashinos con personalidades de la intelectualidad de la capital, que posteriormente han alcanzado el nivel de clásicos de las letras peruanas; los cuales en su momento abrieron el escenario para el reconocimiento de los aportes y la valoración del talento de estos escritores regionales.   
En esta etapa literaria, cabe citar a dos escritores quienes desde nuestras letras abrieron la ruta precursora de la narrativa fantástica.

3.1. JOSE RUIZ HUIDOBRO:


ACTIVIDAD LITERARIA DE RUIZ HUIDOBRO
Nació en Vicos, provincia de Carhuaz el 25 de mayo de 1885, y murió en Lima el 8 de junio de 1945. Desarrolló una intensa actividad periodística como redactor de la revista “La Neblina” (1904), así como en el diario “El Departamento” en calidad de director (1916 a 1026) y fundó el diario “La República” (1927). Luego fue un asiduo colaborador de revistas y diarios de Lima.
Su pasión por la narrativa lo llevó a abordar las más diversas vertientes, desde el cuento con el libro “Aquel panfletario” (1926), hasta la novela, entre las que se puede citar “Historia de un dolor” (1917) y “Derrota” (inédita).

Aparte de su labor como periodista, narrador y poeta, se dedicó a la ardua tarea del  autodidacta.

A)     LA INCERTIDUMBRE DE LA MUERTE:

Tras la publicación del formidable poemario “Las sendas inholladas”, en la Imprenta Gutemberg de Huaraz (1917)[6], se consolidó como escritor con su obra narrativa[7]. Entre su profusa temática Ruiz Huidobro contribuye al acervo del cuento fantástico en Ancash, con el relato “Memorias de un sepulturero”, que forma parte del cuentario “Aquel Panfletario”, publicado en 1926 con opinión liminar de Francisco García Calderón y prólogo de Luis Varela.
En este relato, Néstor Gonzáles, antiguo sepulturero del cementerio de Belén, deja por escrito en sus memorias las vivencias y avatares de los cadáveres, que impulsados por un hálito inyectado por la quietud de la noche, reviven sus aventuras probablemente inacabadas en vida, con cuerpos agostados y corrompidos, pero con impetuoso ardor.
Primera edición en rústica de 
“Aquel panfletario”, 1926
El día 6 de marzo (el cuento se presenta como un diario) relata de forma directa el inicio de tan macabras escenas, tomando como marco, la arquetípica asociación de lo sobrenatural con la luna. “La luna por entre gruesos nubarrones, apenas alumbra… Mis muertos se pasean. Desde acá los veo. Poco a poco van saliendo de sus nichos y comienzan a estirar los brazos y las piernas para desentumecerse. Pobrecitos. Tienen que permanecer tendidos de espaldas dieciocho horas, para poder distraerse unas cuatro o cinco horas”[8].  
En el fragmento se aprecia el nexo de intimidad que el personaje ha establecido con los muertos, evidenciado en el trato de pertenencia con aquellos cuerpos inertes, sin vida, patéticos, dignos de compasión; sin que tal estado descalifique el amor por ellos. De este relato  se determinan algunas ideas referidas al ámbito desconocido de la muerte, que se intenta describir como la continuación de la vida, tal cual es la existencia en este mundo. Es consecuente por ello que el autor utilice el recurso del diario episódico para presentar hechos increíbles, técnica que logra presentar los hechos de la manera más familiar posible, puesto que no sólo son contados, sino que fueron vividos.
El relato aparte de graficar unas memorias, aclara la intención de reflejar la vida en la muerte, es un paso a tientas sobre lo desconocido en un intento de  comprenderlo, aunque sea desde la imaginación, porque la perplejidad del hombre ante la muerte, sólo es factible de disiparse elaborando imágenes de lo ininteligible.   

3.2. LADISLAO FELIPE MEZA LANDAVERI:


LA OBRA DE LADISLAO MEZA
Ladislao Meza (Huaraz 1892 – 1925)  Entre sus novelas más importantes tenemos: “Las increíbles aventuras de un intruso en el país de las brujas limeñas” (publicado en la Revista Mundial en 1922) y “María Soledad” (1924). En su obra teatral resalta: “La ciudad misteriosa” (1915), “El  demonio llega” y “El tablado de los miserables” (ambas de 1916), que fueron puestas en escena con resonante éxito. En cuentística escribió: “Secretos de una cabellera rubia”, “Los héroes” e “Interesantes declaraciones del Emperador de la Tinieblas, Iblis, el terrorífico”, un relato prototípico de Meza que combina magistralmente lo fantástico con el apasionado amor por el saber.             

De gran cultura literaria y peculiar imaginación, es la obra de Ladislao Meza. Amigo de José Carlos Mariátegui por su filiación indigenista y del periodista César Falcón Gárfias, supo distribuir sus ideas entre el teatro realista y la narrativa social y fantástica. Según Justo Fernández Cuenca, Luis Alberto Sánchez dijo de Ladislao Meza que era un hombre de sólida cultura que escribía de todo y con especial destreza.[9]

A)     LUCIFER NO ESTÁ ALLÁ, SINO ADENTRO:

Mariátegui y Meza.
Lima, 1924
El cuento titulado “Interesantes declaraciones del Emperador de la Tinieblas, Iblis, el terrorífico” aborda de manera palmaria el tema de lo fantástico, desde la idea de la invocación demoniaca, pero con caracteres propios del autor, en una nueva aproximación a este tópico literario. Una primera impresión, ya desde el título, alude al exotismo propio del modernismo, puesto que Iblis es el nombre de un ser maligno, originario de la tradición islámica.
En el relato se establece un diálogo entre Iblis, heraldo de Lucifer, con un narrador quien lejos de intimidarse por la demoniaca presencia, le impreca sobre el decaimiento del actuar de Satanás en el mundo. “En estos tiempos que van corriendo, ha disminuido mucho el prestigio de las legiones luciferinas. ¡Ni una solemne aparición! Ni un auto de fe que antes hacían temblar ante el solo nombre de Satanás…”.   
A partir de este punto la narración se convierte en una férrea defensa de las acciones de Lucifer, que aunque despreciables y  perversas se hallan lamentablemente escondidas en las actitudes humanas más comunes.
Satanás, de acuerdo con Iblis, está en la debilidad del hombre ante el placer, que lo impulsa hacia la belleza de las sensaciones.
A ello, se le suma la particular ansia por el poder y la perfección, que es un ímpetu que a la larga destroza la vida, puesto que es inconcebible alcanzarlas plenamente. “Somos los amigos del hombre [Lucifer y su cohorte], los que les llevamos por el verdadero camino de rosas, por el sendero del amor, de poesía, de triunfo, de belleza, que ambicionáis tontamente”.
También habla del connatural instinto por venerar la guerra y la violencia, así como la inteligencia y el talento, cuando el héroe y el genio no son más que figuras con los rasgos innatos de la maldad. “¡Ah, menguados humanos, al hacer la apoteosis de esos grandes carniceros que han sido los guerreros, de esos locos que han escrito grandes novelas de amor, de pecado, según los tonsurados, no hacéis más que loarnos, más que celebrar nuestro poder mágico”.
De esta perspectiva, surge la inquietante duda que se aproxima al límite de nuestros miedos, y que se transparenta con impronta de herejía a través del cuento meziano: El diablo, la personificación imaginativa de la maldad, en verdad, es una fluencia de la personalidad humana, que pervive en cada resquicio interior, como si fuera un depósito de desequilibrantes mareas de miasma espiritual. Por tanto, el relato mantiene un tono pesimista, deprimente, tal como lo expresa al final el narrador. “Y el buen Iblis partió como llegó, dejándome sumido en meditaciones que ahora  muerden mi carne (…)”.    
En medio de tales ideas, se expresa un descontento ante la religión y algunas concepciones bíblicas que son asimiladas acríticamente por los humanos, y que han de entenderse bajo la luz de la ciencia. Ideas sobre el ser humano como única y máxima  de Dios, la creación divina o la religiosidad ante las imágenes son sometidas a duda, desde la voz infernal de Iblis.

B)      EL CUENTO, VEHÍCULO DE PUNTOS DE VISTA:

En el cuento de Ladislao Meza, Baudelaire 
es retratado como el modelo del escritor, 
aunque en la vida real haya remecido el 
canon literario de su tiempo. 
El cuento, es obviamente un acto de la imaginación, pero también ha sido aprovechado desde tiempos inmemoriales como medio para difundir ideas y concepciones de la realidad. El cuento fantástico por contrastar con lo real, hace que emerja con más claridad las posturas del relato y del autor. Meza cumple notoriamente con esta finalidad.    
Estamos, en definitiva, ante un texto erudito, reflejo de un hombre dotado de capacidades en diversas áreas del conocimiento como la ciencia, la teología, el arte de filosofar y la literatura, esta última que se expresa con la mención de escritores dentro de la trama del relato, con la propuesta – consciente o inconsciente – de exponer aspectos de crítica literaria. Primero menciona a Leónidas Andreiev, escritor ruso muy conocido en la época, experto en profundizar en actitudes retorcidas y personajes con problemas mentales. También se habla de Dante Alighieri, creador de una de las máximas obras apologéticas de la religión cristiana; y finalmente, el célebre Baudelaire, francés del siglo XIX que revoluciona la poesía por su temática ligada a lo satánico y a la podredumbre humana. 
Los tres literatos describieron desde sus propias perspectivas la relación de la maldad, de lo satánico, en contraste con lo sugerido por la religión y las acciones positivas. En esta parte del relato subyace una teorización literaria.
En el nivel ficcional, el personaje diabólico Iblis, que representa el canon, se burla de Andreiev, quien manipulado por Lucifer crea un diario de Satanás que no logra expresar la verdadera dimensión de la maldad, con un resultado risible y superficial. Así, parece simbolizar al escritor indisciplinado, que escribe sin rigor, a pesar de su impetuosidad y motivación. Luego, Iblis critica entre líneas a “La Divina Comedia”, asignándole la valía de ser una obra genial, pero contaminada en demasía por alguna ideología, y por lo tanto, susceptible de ser defenestrada desde determinados parámetros. Es una alegoría del escritor profesional, pero cuya imaginería escapa de lo aceptado por el canon.
Al final, se cita versos del poema baudeleriano “Letanías de Satán”, y el elogio de Iblis es consecuencia lógica, puesto que coincide con sus ideas, con sus criterios, es decir, con el canon. Según esta apreciación, el francés es el prototipo del buen escritor, que escribe reflexivamente, y a su vez, satisface al canon.

LA TENDENCIA HACIA LO FANTÁSTICO EN ANCASH
Connotados escritores ancashinos también se aproximaron a los linderos de la trasgresión  realista para incursionar en el género fantástico. Entre ellos debemos destacar a Aurelio Arnao Loli (Huaraz 1868 – Lima 1940), que fue un hábil creador de escenarios de terror. En su obra “Cuentos Peruanos” (1939) el prologuista Aurelio Miró Quesada refiere que “Arnao se distinguía por su habilidad de narrador, su equilibrio, su don de mover personajes muy reales y que él sabía componer con elementos en apariencia sencillos con un estilo natural, un vocabulario siempre limpio y un adjetivo siempre justo”. Su influencia en la dinámica literaria del país se comprende mejor por su amistad con Enrique López Albújar, con quien escribió el libro “Miniaturas”, un poemario dedicado a damas limeñas acompañados de sus respectivas fotografías. En “Cronicones novelados” (1940) propuso una mezcla de historia y cuento.   
Teófilo Méndez Ramos (Huaraz 1894 – 1954), es otro referente de la narrativa fantástica. Bajo la influencia de Clemente Palma, Edgar Allan Poe y Octavio Araya Soto, escribió  los cuentos “Resurrexit” y "El Diamante Azul", relatos del libro “Almas enfermas” (1853¿?). En la Revista Amauta (número 25, 1929) el escritor Juan Eugenio Garro lo califica de hombre fraterno y de elevados ideales. Desde la revista ancashina Vesperal difundió sus poesías y relatos.

CONCLUSIÓN:

El cuento fantástico en Ancash guarda las características propias del Modernismo, como la evasión y el refinamiento verbal y formal, complementado con un estilo propio que bajo la descripción de ambientes sobrenaturales y urbanos proyecta escenas de la vida, como una realidad compleja donde entra en juego la razón en lucha constante con los eventos de la emotividad humana,  con la finalidad para metaforizar o cuestionar la misma realidad, conformándose una senda que deberá seguir la nueva generación de escritores ancashinos, en plena conciencia de que se ha establecido desde hace mucho una senda nueva por recorrer.    
Huaraz, en una tarde que las matemáticas intentan imponerse
a la reflexión literaria, abril de 2015.




[1] MARCHESE, A, y FORRADELLAS, J. Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Ariel S.A. Barcelona. 1994. p. 347.  
[2] LLOPIS, Rafael. Historia natural de los cuentos de miedo.  Júcar. Madrid. 1974. P 45.   
[3] BIOY CASARES, A., BORGES, J. y otros. Antología de la literatura hispanoamericana. España. 1977.
[4] Núñez, Estuardo (1965): La literatura peruana en el siglo XX (1900-1965). Editorial Pormaca. México.
[5] TORO MONTALVO, C. Literatura Peruana. Lima. 1994. p. 471.
[6] Biblioteca Digital de Ancash. Recuperado en http://bvirtual-huaraz.260mb.net/
[7] MONGUIÓ, Luis. La poesía postmodernista peruana. Fondo de Cultura Económica. 1954. 
[8] FERNÁNDEZ CUENCA, Justo. Antología de cuentistas ancashinos. Fondo Editorial de Huaraz . 2014. P. 53. Todas las cursivas son extraídas de esta compilación.
[9] Idem. p. 69.