LIDERAZGO PEDAGÓGICO: EL TESORO, EL DRAGÓN Y LA PRINCESA
EL LIDERAZGO PEDAGÓGICO HA SIDO RETRATADO METAFÓRICAMENTE DESDE TIEMPOS INMEMORIALES, Y SE HA SUSTENTADO EN TRES CUALIDADES BÁSICAS. SEPA CUÁLES SON Y CÓMO DESARROLLARLAS, A PARTIR DE UNA VERDADERA ACTITUD DE CAMBIO.
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En el siglo XIV, la tribu Ahu, de la isla de Pascua, tenía un insólito ritual. Convocaban a todos los jóvenes de trece años en las montañas y ante ceremonia pública debían competir en un reto muy singular, consistente en obtener un huevo de manutara – que es una especie de gaviota oriunda – y llevarlo en la cabeza nadando en un lago hasta depositarlo en manos del señor de la tribu. Quien llegaba primero, entre cánticos y bailes, era consagrado hombre-pájaro, y se le otorgaba la preeminencia ante los demás jóvenes, quienes lo obedecían y respetaban.
Como podemos ver, no se exige en esta prueba aporte material o económico, ser hijo o protegido del gobernante o determinado rasgo de nobleza, simplemente se requiere habilidad y actitud. En esa cultura el cumplir con la proeza en honor del jefe tribal era el requisito para ejercer el liderazgo.
En la literatura maravillosa, se puede encontrar metáforas referentes a la obtención del liderazgo, por ejemplo, era imprescindible atravesar un laberinto o un lugar abstruso e inexplorado, o debía vencerse a un monstruo unas veces, y otras, a algún villano con poderes sobrenaturales. Superado este escollo, el héroe conseguía un tesoro luminoso (el conocimiento superior - saber), el reconocimiento de sus hazañas constantes, tradicionalmente, derrotar a un dragón (el prestigio social – saber hacer) o la mano de una princesa (el derecho a ser querido en la sociedad – saber ser); lo cual determinaba el carácter de líder a través de las tres cualidades descritas.
Y observamos que estas tres metáforas siguen siendo las mismas cualidades propias del líder en la actualidad.
En el fondo se trata de hacer algo que distinga a la persona de las demás, sin que esto signifique caer en la marginación, sino generar admiración. Se trata de impulsar a otros a hacer algo bueno para el desarrollo de todos, y no de usar el desarrollo de todos para impulsarse sólo a uno mismo. Se trata de ser un guía ante problemas y una persona proclive a detectar lo mejor de cada persona y brindarle los caminos para descubrirlos o autodescubrirlos. Todo esto hace más poderoso al líder. Maxwell (2005) afirma que una ley irrefutable del líder es ser más fuerte, pero más fuerte que sí mismo y esto implica un conocimiento interior, la búsqueda de una luz propia que se encuentra oculta y falta develar.
Si nos preguntásemos ¿qué es lo mejor que tengo?, tras un examen de conciencia encontraremos muchas alternativas. Bien, tomemos una de ellas y cultivémosla hasta convertirla en un talento. Entonces se ha descubierto el tesoro luminoso de los cuentos, que ahora estaremos convirtiendo en una realidad.
Según Kotter (2001), “el liderazgo se desarrolla diariamente, y nunca en un solo día”. ¿Se imagina usted llamar médico a un señor que un día curó una herida y nunca más hizo algo similar? ¿Cree usted que se puede llamar docente a la persona que dictó una clase de veinte minutos hace treinta años y nada más? En consecuencia, el liderazgo también tiene por imperativo el ser una constante, sólo exhibiendo hazañas consecutivamente se va construyendo la solidez del líder. Esto es un saber hacer perseverante, que consolida en el otro la intuición de que el líder siempre mantendrá esta postura beneficiosa, y por lo tanto, lo admitirá como una persona confiable, y la confianza es el fundamento del liderazgo.
En nuestras escuelas, es evidente, la necesidad de que cada uno de los maestros se conviertan en líderes, pero en este caso, en líderes pedagógicos, es decir, ser “alguien capaz de conducir a su equipo hacia objetivos y metas que permitan mejorar los aprendizajes de los estudiantes” (MINEDU. 2013).
Todo maestro tendrá que dejar de ser un administrador del aprendizaje para ser un líder hacia el aprendizaje. Según el Diccionario de la Real Academia Española, en su primera acepción, administrar es ordenar u organizar bienes, concepto que da la idea de distribuir adecuadamente, en el caso pedagógico, los conocimientos y estrategias educativas; pero la mejora de los aprendizajes debe pasar por otro proceso: Hay que liderar el aprendizaje, es decir, crear las condiciones óptimas para que el estudiante aprenda de forma más duradera, precisa y práctica.
Un maestro es líder pedagógico cuando se ha transformado en una verdadera autoridad. La diferencia entre docente tradicional y un maestro líder pedagógico radica en el origen de la autoridad, dejando de lado la premisa de la relación dominio – subordinación, sino empoderando el posicionamiento efectivo del profesor frente a la gente que le rodea, haciendo de él una autoridad cognitivo-estratégica y una autoridad moral. Debe conocer muy bien lo que enseña, tener conocimiento (tesoro – saber), debe hacer constantemente las cosas correctas, o sea, dominar estrategias pedagógicas e interpersonales (vencer al dragón – saber hacer) y finalmente, debe conseguir la mano de la princesa (ser querido – ser) dentro de su comunidad educativa.
Los premios que logra el líder son el correlato de sus actitudes: Quien sabe tiene (y obtiene) un tesoro, quien hace las cosas bien se granjea prestigio social y quien sabe ser persona llega a ser amado por todos. ¿Y quién no aspira – ya sea directivo o docente – lograr este estatus? Pues en verdad, todos lo deseamos, no obstante, requiere de una actitud de cambio, virtud deseable para nuestra época que nadie ha expresado con mejores palabras como Mahatma Gadhi lo dijo: "Nosotros hemos de ser el cambio que deseamos ver en el mundo".
Cuentan que Gandhi fue abordado cierto día por una mujer preocupada porque su hijo consumía demasiado azúcar. "Temo por su salud", le dijo la mujer, "él le respeta mucho, ¿podría usted decirle los riesgos que corre y convencerle de que deje de comer azúcar?”
Tras una breve reflexión, Gandhi le dijo a la mujer que accedía a su petición, pero que le llevara a su hijo al cabo de dos semanas, no antes. Dos semanas más tarde, la madre llevó al muchacho. Gandhi habló con él y le sugirió que dejara de comer azúcar. Cuando aquél finalmente aceptó la sugerencia de Gandhi, la madre exageradamente agradecida, no pudo por menos de preguntarle al maestro por qué había insistido en que esperase dos semanas.
- ¿Por qué?, repuso Gandhi, porque necesitaba esas dos semanas para librarme yo del mismo de ese hábito.
Y el cambio es la primera misión del líder pedagógico, en aras de convertirse en un héroe de la educación, teniendo siempre en cuenta que serlo no implica necesariamente hacer titánicas proezas, sino también saber contribuir a la mejora educativa, saber optar por la verdad que encierra la frase de Napoleón Hill: “Si no puedes hacer grandes cosas, haz cosas pequeñas de mejor manera posible”.
BIBLIOGRAFÍA:
1. KOTTER, J. (2001). El directivo como líder y como ejecutivo: la simbiosis del éxito. Harvard Business Review. EE.UU.
2. MAXWELL, J. (2005). Las 21 leyes irrefutables del líder. Maxwell Motivation Inc. Nashville - Tennessee.
3. MINEDU. (2013). Rutas del Aprendizaje. Fascículo de Gestión de los aprendizajes. Navarrete S.A. Lima - Perú.
4. RODRIGUEZ MOLINA, Guillermo. (2011). Funciones y rasgos del liderazgo pedagógico. Educational research: the functions and features of leadership in school teaching. Investigación.